De la ciudad a los Esteros

La Nación, Publicado en Julio 28, 2013

Por PIERRE DUMAS

Valeria tiene las llaves de una de las habitaciones del hotel. “Va a ocupar la misma que Luis Miguel, cuando estuvo en nuestra ciudad”, le dice al recién llegado. ¡La misma que Luis Miguel!Un sueño para fanáticas… que prosaicamente se traduce en la habitación del fondo del patio, a la derecha de la pileta, cuya puerta está escondida entre escaleras y la vegetación que forma una miniselva.

Estamos en La Alondra, uno de los hoteles boutique más chic y refinados del país, en la capital correntina. Junto con la estancia Puerto Valle forma una especie de derrotero de lujo para conocer el norte de esta provincia con dos de sus facetas: cara, un paseo histórico por las calles de la ciudad, y ceca, una salida al norte de los esteros del Iberá.

Una noche de teatro

En La Alondra el personal está acostumbrado a los famosos: muchos de los que pasan por la ciudad eligen este pequeño hotel decorado con refinamiento hasta en el último rincón. En el siglo XIX, la ciudad de Vera de las Siete Corrientes ya era una escala en los largos viajes entre Buenos Aires y Asunción, y tenía su propio teatro, en el mismo emplazamiento del actual Teatro de Vera, que cumplió cien años el 25 de mayo último. Valeria Rolón, de La Alondra, aconseja visitarlo porque es “como pasar por Buenos Aires y no conocer el Colón”.

Con sus oropeles y telones de un flamante rojo carmín -luego de una restauración total hace unos años-, el Teatro Juan de Vera es el emblema cultural y un ícono del centro histórico de la ciudad. Es un pedazo de la lejana Italia trasplantado a orillas del Paraná, tal como lo imaginaron los arquitectos Locatti y Milanese. Walter Zacarías, el guía que lleva a los visitantes a conocer el teatro por dentro, aconseja, además de las fotos, probar la acústica de la sala y volver de noche, durante un espectáculo o una proyección de cine, para ver su fachada brillar en medio de la cuadra.

A la vuelta del teatro está la Municipalidad, sobre el antiguo solar de un edificio dominicano del cual se conservaron algunos elementos en torno de un patio interior. Este sector está muy cerca del río y en la zona de las siete puntas, siete pequeños cabos que forman como rompientes de la corriente del río y fueron elegidos por Juan de Vera -el mismo que dio nombre al teatro- para fundar la ciudad en 1588. Esas puntas están en el origen de la Ciudad de Vera de las Sietes Corrientes, que gracias a su ubicación sobre un promontorio natural evitó las inundaciones durante las crecidas del río, a diferencia de otras ciudades costeras sobre el Paraná.

Se pueden seguir tres paseos: uno histórico, otro religioso y el tercero costero, a orillas del Paraná, de ambos lados del gran puente que lleva a Resistencia. También se puede optar por un mix de los tres para conocer lo mejor de la ciudad en una sola caminata, desde los paradores fluviales (que ya fueron o están en proceso de renovación para convertirlos en balnearios con servicios y equipamientos deportivos) hasta la catedral, otro de los edificios más emblemáticos. Cuando se bordea la costa se pasa por una de las principales plazas del centro, el parque Camba Cúa. Walter Zacarías cuenta: “Su nombre quiere decir cueva de negros, en guaraní. Es un nombre que nos lleva directamente al siglo XVIII, cuando vivieron ahí en chozas y cuevas improvisadas los esclavos negros de Corrientes al ser emancipados”. Otro de los parques a orillas del río está en la Punta Mitre, o Arazaty, donde fue ubicada la batería defensiva de cañones durante la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay.

El gran humedal

Del centro de la ciudad hasta la orilla de los Esteros hay que recorrer 260 kilómetros bordeando el Paraná (que sin embargo nunca se ve desde la ruta) hacia el este. Así se llega a Puerto Valle, una estancia reconvertida en un emprendimiento forestal donde funcionan un hotel de lujo y uno de los pocos criaderos de yacarés que existen en el mundo. Hay que pasar también por Ituzaingó, que desde hace algunos años vive un crecimiento exponencial con la puesta en marcha de la represa de Yacyretá.

Nicolás di Constanzo, el gerente del hotel, suele atender personalmente a sus huéspedes. Por lo general no son muchos, ya que por el momento Puerto Valletiene sólo cinco habitaciones: un dúplex en suite, en el edificio donde funcionan también la recepción y el restaurante, y las demás habitaciones en una casona correntina del siglo XVIII. A diferencia de Colonia Pellegrini, donde hay varios establecimientos, Puerto Valle es la única propuesta de este tipo en el norte de la provincia y es el acceso para conocer el norte de los Esteros.

Todo un safari fotográfico. Puerto Valle ofrece la experiencia única de paseos sobre el río y por los Esteros, ya que se encuentra justo donde el gran humedal empieza a formarse, escurriéndose lentamente hacia el sur de la provincia a lo largo de cientos de kilómetros. “Organizamos salidas en lancha por el río, que forma una gran bahía justo enfrente del hotel desde que está la represa. Las aguas subieron, los terrenos aledaños fueron inundados y ganamos un especie de lago justo para nosotros, que nos permite hacer salidas y explorar brazos del río que son en realidad antiguos barrancos boscosos inundados”, explica Diego.

Son dos mundos acuáticos bien distintos. El río bordea bosques de altos árboles que albergan familias de monos aulladores (se los escucha antes de verlos, gracias a su particular sonido). Por su parte, la laguna está rodeada de juncales e islotes de camalotes formando una capa tan densa que una familia de carpinchos puede instalarse sobre ellos sin que se hundan. Los bordes de la laguna son un entrecruce de agua e islotes, que permiten acceder a la parte despejada por un pequeño canal donde apenas pasa una lancha.

Es común ver ahí yacarés y carpinchos, que no se inmutan ni con el paso de la embarcación ni cuando los visitantes se acercan para sacarles primerísimos planos (una experiencia ciertamente impresionante si se trata de un yacaré). Durante el recorrido se llega en barco a un mirador y a una plataforma flotante, para hacer un alto y disfrutar de un desayuno con vista hacia la fauna, que de vez en cuando regala también el avistamiento de un tímido, pero curioso ciervo de los pantanos.

Nicolás aconseja “salir muy temprano en verano, sobre todo para ver los animales en actividad antes de las horas más cálidas del día. En esta época del año se ven menos animales, pero seguimos teniendo muchas aves, los yacarés salen para tomar sol y, en cuanto a los carpinchos, se los ve todo el año siempre muy de cerca”. No hace falta ir a las Galápagos para ver animales que no se inmutan con la presencia del hombre: en los Esteros, sin gritos y sin gestos bruscos, se los puede tener cara a cara.

Monos y mariposas

Si no fuera suficiente hay varias opciones de paseo desde el casco mismo del hotel, para tener una charla sobre el proceso de silvicultura que lleva a cabo Insud, el grupo propietario del establecimiento. Se aprende cómo se logran y clonan especies de árboles que van a reforestar la región para producir pulpa de papel o maderas para diversos usos. Se recorren los caminos internos para conocer un vestigio que permaneció en pie de la selva subtropical que cubría antaño toda la ribera del Paraná, hasta su delta.

Además de monos, que vuelven a hacer acto de presencia, por aquí pululan mariposas de todos los tamaños y colores. Nicolás esta vez guarda la visita más singular para el final: el criadero de yacarés. Pequeña precaución: antes de la visita distribuye unos pañuelos impregnados de esencias perfumadas, para taparse la nariz cuando el hedor de la pasta de pollos se hace demasiado fuerte. Esa es la principal comida que se les da a miles de pequeños reptiles en piletones donde son separados por edad: desde los que nacieron hace poco hasta los que tienen más edad y pronto serán faenados (por su cuero) o devueltos a la naturaleza (para mantener las poblaciones en los Esteros y el resto de la provincia) es todo un galpón repleto de yacarés. Los hay de dos especies: el overo y el negro. Mauro Cardozo está a cargo de esta actividad dentro del grupo Insud. Comenta: “Los yacarés no se reproducen en Yacaré Porá, nuestro emprendimiento, sino que los lugareños nos llevan los huevos o nos avisan cuando los encuentran en la naturaleza. Los traemos aquí y seguimos el proceso de desarrollo y eclosión de los bebes yacarés, como hubiera ocurrido en la naturaleza, pero con una tasa de supervivencia muy superior”.

De vuelta en Puerto Valle, las ventanas de las casonas forman como cuadros de luz en medio de la noche que cae lentamente sobre el río. Luego de los cantos de pájaros que acompañaron las visitas durante todo el día, es otro canto el que sube desde la orilla del río, una voz unánime de ranas y otros animales que salen de noche a empezar su vida. En Puerto Valle, basta pasar una puerta para dejar el lujo de una habitación y sumergirse en un mundo salvaje todavía virgen.

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